La terapia infantil y adolescente es un espacio de acompañamiento psicológico pensado para ayudar al menor a comprender y gestionar sus emociones, conductas y dificultades, siempre teniendo en cuenta su etapa evolutiva y su entorno familiar y escolar.
Los niños y adolescentes tienen necesidades psicológicas distintas a las de los adultos, debido a su proceso de maduración y desarrollo de la personalidad.
El proceso comienza con una primera consulta con los padres o tutores legales, en la que se recoge el motivo de consulta y se realiza una recogida de información sobre la historia pasada y presente del niño o adolescente.
En esta sesión se explica también cómo se va a trabajar, el funcionamiento de las sesiones y se resuelven las dudas que puedan surgir. En función de la complejidad del caso, esta fase inicial puede ocupar una o dos sesiones.
En una sesión posterior, se realiza una primera entrevista individual con el menor, adaptada a su edad y a sus necesidades, con el objetivo de conocer su vivencia personal y crear un espacio de confianza. El vínculo terapéutico es especialmente importante en esta etapa y constituye una parte fundamental del proceso.
A partir de esta primera fase, se establecen de forma conjunta los objetivos terapéuticos y la frecuencia de las sesiones.
Las sesiones de terapia tienen una duración aproximada de 45 minutos y se adaptan al problema y a las características del niño o adolescente, utilizando herramientas como el juego, el diálogo y técnicas psicológicas basadas en la evidencia científica.
Cuando los padres o tutores necesitan comentar algún aspecto puntual del proceso, se puede destinar un breve espacio dentro de la sesión individual del menor. Si se requiere una orientación más amplia o abordar dificultades familiares, se recomienda reservar una sesión específica.
El proceso terapéutico se va ajustando en función de la evolución del menor, espaciando las sesiones progresivamente hasta llegar al cierre del tratamiento, siempre respetando sus tiempos y necesidades.
Si te preocupa el bienestar de tu hijo/a o adolescente, pedir ayuda puede marcar la diferencia. No tienes que afrontarlo solo/a.